Había una vez un hombre
que le gustaba sonreírle al sol...
Un día supo que el sol al
que solía sonreír no era más que un foto de 100 watts...
Solía tomar un carajillo
cada mañana en un bar...
A partir de ese día, no
fue más...
Salió en busca de un sol
de verdad, al cual sonreírle...
Dos millas más allá, cayó
en un pozo...
En ella había una mujer,
y que con su ayuda logró salir...
Sin embargo, justo en el
momento en el que logró salir, desapareció...
Regreso al bar encuentra
que su camarera había muerto...
Un hombre la había
apuñalado...
Sólo ella sabía preparar
su carajillo...
Aquel hombre la había
apuñalado sólo por no darle las llaves de su coche...
Había bebido ya
demasiado, vivía sólo a 2 cuadras del bar, pero deseaba ir a hacerle el amor a
su novia...
La camarera no permitiría
tal estupidez...
Sin embargo, un minuto
antes de morir, ya se había arrepentido de detenerlo...
Y hubiera preferido que
se matara aquel hombre, y que violara a su novia, a morir apuñalada...
El siguiente día la
camarera fue inhumada…
Un coro de niños cantó en
el entierro…
Aquella noche el hombre
que buscaba el sol no pudo dormir…
Pensaba cuantas mañanas
pasó en aquella barra…
Cuantos tragos había
tomado en todo ese tiempo…
Cuantas veces no veía a
la camarera sonreír, al servirle aquel trago tan único…
Y que de alguna manera,
todos los días podía sonreírle al sol…
Porque la camarera le
pasaba su sonrisa…
De alguna manera, nunca
lo había notado…
Que el sol no era aquel
que se merecía su sonrisa…
Entonces no tenía más que
hacer, que romper ese sol tan falso…
Trató con su escalera de
tijeras…
Pero no llegó más allá
del techo de su casa…
Esa noche tampoco pudo
dormir…
Pensó en alguna manera de
llegar a ese foco y romperlo…
Diseñó una gran escalera…
Al siguiente día logró
armarla…
Y tocó aquel sol tan
falso…
Dejó de existir…
Al igual que el sol…
Fin
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